⭐ Capítulo: Aprender a vivir con límites que nadie ve
Parte 3
Después de aceptar que los síntomas no se habían ido, empezó otra etapa aún más silenciosa:
aprender a vivir con límites invisibles.
Porque no siempre se trata de estar en una cama de hospital.
A veces, lo más difícil sucede cuando ya estás en casa y la vida “debería” seguir normal.
🕊️ El día a día ya no era el mismo
Había cosas muy simples que dejaron de serlo:
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cargar a mi bebé como antes
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caminar sin pensar en cuánto me iba a cansar
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subir escaleras sin miedo
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hacer planes sin calcular mi energía
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salir sin preguntarme si mi cuerpo iba a responder
Mi vida empezó a medirse en esfuerzos.
Cada actividad tenía un costo físico que antes no existía.
Y lo más duro era que, por fuera, nadie veía nada.
😔 Vivir con una enfermedad invisible
Muchas veces me dijeron frases como:
-
“Pero te ves bien”
-
“Seguro ya estás mejor”
-
“Todo está en tu mente”
Y yo sonreía…
porque explicar lo que se siente vivir con dolor, cansancio y mareos constantes es agotador.
El cuerpo se cansa,
pero el alma también.
⚖️ Entre la gratitud y el duelo
Había días en los que me sentía agradecida por seguir aquí,
por ver crecer a mi bebé,
por tener a mi familia.
Y otros días, simplemente lloraba en silencio,
porque la vida que conocía ya no existía.
Aprendí que ambas emociones pueden convivir.
Que se puede agradecer y, al mismo tiempo, extrañar.
🫀 Escuchar al cuerpo (aunque no nos guste)
Con el tiempo entendí algo importante:
mi cuerpo ya no podía ser empujado como antes.
Si no descansaba, me cobraba factura.
Si ignoraba el cansancio, aparecían los síntomas.
Si me exigía de más, el dolor regresaba.
Aprendí —a la fuerza— a escucharme.
No siempre lo hago bien.
Pero ahora sé que respetar mis límites no es rendirme…
es cuidarme.
❤️ Reflexión
Vivir con una enfermedad crónica no es una batalla constante.
Es una adaptación diaria.
Hay días buenos.
Hay días muy malos.
Y hay días normales que se sienten como un triunfo.
Hoy sé que mi vida no es menos valiosa por ser distinta.
Solo es otra forma de vivir.
Con más pausas.
Con más conciencia.
Y, poco a poco, con más calma.
🌫️ Con el paso de los meses entendí que mis límites no solo eran físicos o emocionales.
También había reglas nuevas, advertencias que antes jamás habría imaginado escuchar.
Mi cardiólogo empezó a enumerar cosas que, de ahora en adelante, no podía hacer, lugares a los que debía tener cuidado de acercarme y situaciones cotidianas que podían representar un riesgo para mi marcapasos.
Ahí comprendí que vivir con un marcapasos no solo significaba aprender a escuchar a mi cuerpo,
sino también aprender a moverme en un mundo lleno de cosas que podían afectarlo sin que nadie más lo notara.
Ese fue otro golpe de realidad.
Uno más silencioso, pero igual de fuerte.
👉 En el siguiente capítulo comparto todas esas advertencias, prohibiciones y cuidados que llegaron junto con el marcapasos… y cómo fue aprender a vivir con ellas.