by Esmeralda | Ene 15, 2026 | Mi historia
❌ Lo que NO debo hacer viviendo con un marcapasos
Cuando vives con un marcapasos, hay cosas que nadie te explica del todo.
No porque no sean importantes, sino porque a veces se dan por sentadas… y no lo son.
Yo no aprendí todo esto en una consulta médica.
Lo aprendí viviéndolo, escuchando mi cuerpo, equivocándome, preguntando, y muchas veces sintiendo miedo.
No escribo esto para asustar a nadie.
Lo escribo porque saber también es una forma de cuidarse, y porque a mí me hubiera gustado leer algo así cuando empecé este camino.
Si tú también vives con un marcapasos, quiero que sepas algo desde ahora:
no estás exagerando, no eres débil, y no estamos solos.
⚡ No puedo ignorar los campos magnéticos (aunque nadie te lo advierta mucho)
Algo que aprendí es que los campos magnéticos sí importan.
Bocinas grandes, imanes fuertes, ciertos equipos eléctricos… no es paranoia, es cuidado.
No vivo huyendo, pero sí pongo atención.
Mi corazón lo agradece.
🧲 Los imanes “pequeños” tampoco son tan inofensivos
Fundas de celular, pulseras magnéticas, terapias alternativas…
Yo no sabía que cosas tan comunes podían interferir con el marcapasos.
Desde entonces, prefiero prevenir que lamentar.
🏥 La resonancia magnética no es algo simple
Esto es importante y casi nadie lo dice claro:
no todos los marcapasos permiten resonancia.
Y si la permiten, no es como a cualquier persona.
Tiene que estar el técnico, pausar el marcapasos y reprogramarlo después.
Aprendí a preguntar sin pena, porque es mi cuerpo.
🪥 Incluso un cepillo eléctrico puede ser tema
Suena exagerado, lo sé. Yo también lo pensé.
Pero algunos aparatos eléctricos sí pueden interferir.
No se trata de vivir limitada, sino de confirmar antes.
☀️ El sol directo en el pecho ya no es una opción para mí
Esto lo aprendí con el tiempo.
El sol fuerte en la zona del marcapasos puede provocar quemaduras, incluso sin que lo notes al momento.
Ahora me cubro.
No por miedo, sino por amor propio.
🏗️ Las torres de alta tensión ya no son un “da igual”
Antes ni las veía.
Ahora sé que los campos eléctricos intensos sí pueden afectar.
No vivo pensando en eso, pero sí lo tengo presente.
📱 El celular no va sobre el pecho
Parece obvio, pero no lo es tanto.
Nada de brasier, nada de apoyarlo sobre el corazón.
Son detalles pequeños que marcan diferencia.
💪 El ejercicio sigue siendo parte de mi vida… pero con respeto
Mover el cuerpo es necesario, pero no todo vale.
Cargar peso, forzar el brazo del lado del marcapasos o exigirme de más ya no es opción.
Aprendí a escuchar mis límites, y eso también es fortaleza.
💊 El dolor en el pecho no se negocia
Esto quiero decirlo fuerte y claro, desde mi experiencia:
no todo dolor se aguanta.
Automedicarse, “a ver si se quita” o minimizar síntomas puede ser peligroso.
Si algo se siente mal, se revisa. Punto.
🩺 Las revisiones ya son parte de mi vida
Aunque me sienta bien.
Aunque tenga mil cosas que hacer.
El marcapasos necesita seguimiento, y yo necesito tranquilidad.
❤️ Vivir con un marcapasos no me quitó la vida, me cambió la forma de vivirla
No soy frágil.
Soy consciente.
No vivo con miedo.
Vivo informada.
Y si algo he aprendido, es que cuidarme no es exagerar, es respetarme.
🌿 Si llegaste hasta aquí
Vivir con un marcapasos no me quitó la libertad.
Me enseñó a vivir con más conciencia.
Hoy sé que cuidarme no es tener miedo, es tener información.
Que poner límites no es rendirse, es respetar al cuerpo que sigue luchando por mí todos los días.
No siempre es fácil.
Hay días de cansancio, de dudas, de dolor…
pero también hay días de calma, de gratitud y de fuerza.
Si este texto te acompañó aunque sea un poquito, entonces cumplió su propósito.
⚠️ 👉 Cuando el corazón vuelve a pedir atención 🩺
Con el tiempo entendí algo importante:
aunque uno siga todas las recomendaciones, el corazón a veces vuelve a pedir atención.
El sábado 10 viví una recaída de angina de pecho (han sido bastantes pero ahorita voy a comenzar a incluirlas).
Y aunque conozco mi diagnóstico, aunque tengo tratamiento y marcapasos, la duda volvió a aparecer.
Esa experiencia me recordó que vivir con una condición cardíaca no es una línea recta.
Es un camino con pausas, retrocesos y aprendizajes constantes.
En el siguiente capítulo quiero hablar de eso:
de cómo se siente una recaída,
de lo que pasa por la mente y el cuerpo,
y de por qué escuchar las señales a tiempo puede marcar la diferencia.
Porque vivir con calma no significa ignorar el dolor,
significa estar tranquila, atenderlo con amor y responsabilidad.
by Esmeralda | Ene 3, 2026 | Mi historia, Uncategorized
⭐ Capítulo: Aprender a vivir con límites que nadie ve
Parte 3
Después de aceptar que los síntomas no se habían ido, empezó otra etapa aún más silenciosa:
aprender a vivir con límites invisibles.
Porque no siempre se trata de estar en una cama de hospital.
A veces, lo más difícil sucede cuando ya estás en casa y la vida “debería” seguir normal.
🕊️ El día a día ya no era el mismo
Había cosas muy simples que dejaron de serlo:
-
cargar a mi bebé como antes
-
caminar sin pensar en cuánto me iba a cansar
-
subir escaleras sin miedo
-
hacer planes sin calcular mi energía
-
salir sin preguntarme si mi cuerpo iba a responder
Mi vida empezó a medirse en esfuerzos.
Cada actividad tenía un costo físico que antes no existía.
Y lo más duro era que, por fuera, nadie veía nada.
😔 Vivir con una enfermedad invisible
Muchas veces me dijeron frases como:
-
“Pero te ves bien”
-
“Seguro ya estás mejor”
-
“Todo está en tu mente”
Y yo sonreía…
porque explicar lo que se siente vivir con dolor, cansancio y mareos constantes es agotador.
El cuerpo se cansa,
pero el alma también.
⚖️ Entre la gratitud y el duelo
Había días en los que me sentía agradecida por seguir aquí,
por ver crecer a mi bebé,
por tener a mi familia.
Y otros días, simplemente lloraba en silencio,
porque la vida que conocía ya no existía.
Aprendí que ambas emociones pueden convivir.
Que se puede agradecer y, al mismo tiempo, extrañar.
🫀 Escuchar al cuerpo (aunque no nos guste)
Con el tiempo entendí algo importante:
mi cuerpo ya no podía ser empujado como antes.
Si no descansaba, me cobraba factura.
Si ignoraba el cansancio, aparecían los síntomas.
Si me exigía de más, el dolor regresaba.
Aprendí —a la fuerza— a escucharme.
No siempre lo hago bien.
Pero ahora sé que respetar mis límites no es rendirme…
es cuidarme.
❤️ Reflexión
Vivir con una enfermedad crónica no es una batalla constante.
Es una adaptación diaria.
Hay días buenos.
Hay días muy malos.
Y hay días normales que se sienten como un triunfo.
Hoy sé que mi vida no es menos valiosa por ser distinta.
Solo es otra forma de vivir.
Con más pausas.
Con más conciencia.
Y, poco a poco, con más calma.
🌫️ Con el paso de los meses entendí que mis límites no solo eran físicos o emocionales.
También había reglas nuevas, advertencias que antes jamás habría imaginado escuchar.
Mi cardiólogo empezó a enumerar cosas que, de ahora en adelante, no podía hacer, lugares a los que debía tener cuidado de acercarme y situaciones cotidianas que podían representar un riesgo para mi marcapasos.
Ahí comprendí que vivir con un marcapasos no solo significaba aprender a escuchar a mi cuerpo,
sino también aprender a moverme en un mundo lleno de cosas que podían afectarlo sin que nadie más lo notara.
Ese fue otro golpe de realidad.
Uno más silencioso, pero igual de fuerte.
👉 En el siguiente capítulo comparto todas esas advertencias, prohibiciones y cuidados que llegaron junto con el marcapasos… y cómo fue aprender a vivir con ellas.
by Esmeralda | Dic 9, 2025 | Mi historia
⭐ Capítulo: Cuando los síntomas no se fueron… incluso después del marcapasos
Después de la cirugía, todos —incluidos los médicos del hospital— pensaron que la parte más difícil ya había pasado.
Y sí, la bradicardia se corrigió con el marcapasos…
pero no mis otros problemas del corazón.
Lo que pocos saben es que no todos los pacientes que reciben un marcapasos “vuelven a la normalidad”.
Yo soy uno de esos casos.
A los pocos días del alta, cuando apenas empezaba a recuperarme físicamente, me di cuenta de algo que me rompió por dentro:
los síntomas no se habían ido.
💔 El dolor en el pecho seguía ahí
Los doctores me habían explicado que tenía:
- un puente muscular con obstrucción del 60%,
- arterias tortuosas,
- arterias más delgadas de lo normal en el lado derecho,
- y un tronco muy corto.
El marcapasos ayudaba al ritmo de mi corazón,
pero no podía arreglar todo lo demás.
Por eso el dolor en el pecho no desapareció.
Al contrario…
Al subir las escaleras me faltaba el aire,
si cargaba algo (aunque fuera ligero) sentía presión,
si me estresaba tantito, me dolía la boca del estómago,
si caminaba rápido, mi corazón no “respondía como debería”.
Era como vivir con un freno interno que nunca se quitaba.
Además hubo que ajustar mi marcapasos para que yo no me “ahogara” tanto y empecé a quedarme dormida de repente, sin sueño, era algo así de “me voy a dormir” (avisaba) y corrían a verme o a estar conmigo por si en ese momento yo estaba cuidando a mi bebé.
🫠 La presión baja volvió, como siempre
Después del marcapasos, yo esperaba sentirme “más fuerte”.
Pero mi realidad fue otra:
- mareos constantes
- visión borrosa
- debilidad al levantarme
- caídas de presión repentinas
- ganas de desmayarme sin razón aparente
Mis valores bajaban a 90/60, 87/60, 85/58…
y había días donde simplemente no podía estar de pie mucho tiempo.
Mis médicos lo explicaban muy claro:
“Tu corazón late bien, pero tu flujo sanguíneo no es normal.”
Mi puente muscular sigue apretando la arteria en cada latido,
y mis arterias tortuosas hacen que la sangre no fluya como debería.
🌪 Los síntomas extraños que nadie entiende
A los mareos y al dolor en el pecho se sumaron sensaciones que muy poca gente menciona:
- episodios de fatiga “que me tumbaban”
- falta de aire al mínimo esfuerzo
- dolor debajo de la costilla izquierda
- el pecho “apretado” por dentro
- taquicardia rara a pesar del marcapasos
- ansiedad por sentir mi corazón trabajar de forma distinta
A veces, sentía como si mi cuerpo olvidara cómo distribuir la sangre.
Como si cada sistema estuviera peleando para funcionar.
Y tratar de explicarle esto a alguien es complicado,
porque por fuera una “se ve bien”.
🧩 Y ahí entendí algo doloroso: el marcapasos no era el final del problema… era el inicio de una realidad distinta
Yo pensaba que después de la cirugía iba a recuperar mi vida.
Que iba a volver a hacer ejercicio, cargar a mi bebé, manejar, caminar sin miedo.
Pero mis diagnósticos no desaparecieron:
- El puente muscular sigue ahí.
- Las arterias tortuosas siguen ahí.
- La presión baja sigue ahí.
- Mis síntomas siguen ahí.
El marcapasos evitó que mi corazón se detuviera…
pero no podía cambiar la estructura de mis arterias.
❤️ Reflexión
Muchas personas creen que “ya me curé” porque tengo un dispositivo que regula mis latidos.
Pero la realidad de vivir con una enfermedad cardíaca estructural es muy distinta.
Aprendí que la vida no siempre vuelve a como era antes.
Que hay días buenos y días que se sienten imposibles.
Que estar viva es un milagro, pero también una carga pesada.
Y aun así, aquí sigo…
con dolor, días con miedo, días sin miedo, frustrada, con desesperanza, con limitaciones…
pero también con fuerza, esperanza y amor por mi familia.
El corazón que me falló también me enseñó a valorar cada latido,
y a contar mi historia para que otros sepan que no están solos.