⭐ Capítulo: Cuando los síntomas no se fueron… incluso después del marcapasos

Parte 2

Después de la cirugía, pensé que las cosas empezarían a acomodarse.
Pero no fue así.

Seguí con consultas constantes con mi cardiólogo, porque mis síntomas eran muy marcados.
Me ahogaba con facilidad, el cansancio era extremo y mi cuerpo no respondía como se suponía que debía hacerlo.

Finalmente, mi cardiólogo, junto con el técnico del marcapasos, decidió hacer varios ajustes al dispositivo.
Dejaron mi frecuencia fija en 60 latidos por minuto, porque si se subía me ahogaba muchísimo.
Por las noches, la bajaron a 50 latidos por minuto, para que yo pudiera estar, como ellos decían, “decente”.

Ahí entendí que incluso con un marcapasos, mi corazón no funcionaba como el de una persona sana.

💔 La cita con el psiquiatra 

En medio de todo esto, mi cardiólogo me envió con un psiquiatra.
Yo no entendía por qué. Pensaba que el problema era mi corazón, no mi mente.

Pero mi doctor lo sabía.
Él sabía perfectamente lo que venía.

Recuerdo que me dijo con mucha firmeza y cariño:
“Aguanta, Esme. Por favor, no te vayas a desesperar…”
(Él ya sabía todo lo que iba a implicar vivir así).

Fui solo a una consulta.
No podía pagar $1,300 pesos mexicanos cada semana, sin saber por cuánto tiempo más.
Aun así, seguí los consejos que ese día me dio el psiquiatra.

🌪 La salud mental

La verdad es que fue —y sigue siendo— muy difícil.

Depender de otros para casi todo, hasta el día de hoy, es algo que pesa.
Ese cambio brutal de “ayer sí podía y hoy ya no” duele más de lo que la gente imagina.

Es pedir favores.
Es notar las miradas, unas buenas, otras incómodas.
Es pedir que te lleven, que te traigan, que te ayuden.
Es sentir que estorbas, aunque nadie lo diga.

A todo eso se suma el dolor físico, la desesperación, la frustración, la tristeza y el enojo.
Emociones que, hasta hoy, no están sanadas, solo aprendí a sobrellevarlas.

Recuerdo que el psiquiatra me dijo aquella vez que tenía que aceptar lo que me había pasado para poder estar mejor.
Qué fácil se escucha…
y qué difícil es hacerlo.


❤️ Reflexión

 

Aceptar un diagnóstico no es sencillo.
Y menos cuando no tiene cura, cuando sabes que es una condición degenerativa y que tu vida no volverá a ser la misma.

Es triste.
Duele.
Cansa.

Pero aun dentro de todo lo malo, siempre hay algo por lo que estar agradecida.
A veces es seguir aquí.
A veces es la familia.
A veces es simplemente un día más.

A pesar de todo…

La vida es bella.